¿Alguna vez has imaginado como sería tu vida sin ti? Los parpados se me cierran, caen por su propio peso. No sueles notar esa sensación, uno nunca suele pararse a parar en los párpados. Es algo que siempre lo da por hecho... igual que respirar, o que las uñas volverán a crecer después de cortarlas. Igual que fluye la sangre por las venas, arterias y los cientos de pelos capilares. Igual que entra y sale 'aire' en nuestros pulmones. Es algo que siempre damos por hecho, como el rocío en las plantas cualquier amanecer. Como el mismo amanecer.
No paramos nunca, no 'tenemos tiempo' para pararnos pensar sobre todo eso. Sobre nuestras vidas, sobre nuestras decisiones. ¿Es tu vida lo que te gustaría que fuera? ¿Harás lo que quieres hacer con ella? ¿Se te permitirá hacerlo?
Y te levantas a las cuatro y poco de la madrugada, con mal cuerpo. Después de haber tenido diversos sueños cortos, muy cortos. Desde una fiesta en la casa gigante imaginaria de tu tío que se alarga horas y horas hasta un ajo que dice que está enamorado de un chico que es el mal. Banderas y niños, muchas banderas en camiones de obras. ''La gente que cuenta sus sueños aburre demasiado'' dicen en La escafandra y la mariposa, no quiero ser así. Y tienes una sensación agria, muy agria.
Sientes, entiendes, que tu vida está en un momento de stand by. En un terrible stand by. Tienes demasiado tiempo libre, y esto en vez de hacerte bien solo te sirve para percibir con todo detalle la decadencia de cualquier cosa que te rodea. Y te lo tomas a risa, con humor... pero en ese momento no puedes. No puedes porque es como si durante mucho tiempo hubieras estado ascendiendo, avanzando con una inercia que nunca nadie se plantea de donde viene. Y te paras. Como en una lanzadera que llega al punto más alto, ahora solo esperas que todo se caiga y que el choque sea lo menos dañino posible. Solo esperas una gran bofetada que no te rompa los dientes. Pero no esperas nada bueno.
Y a las cuatro y cuarto te evades pensando en un abrazo de la persona a la que crees querer, pero que ni siquiera podrías afirmarlo. Porque, ¿Sabes acaso realmente lo que es querer? ¿Estás seguro? Quizá todos tus organigramas mentales, todas tus creencias y supuestos sean mentira. Quizá todo se venga abajo algún día, como el resto de tu vida. No te compadeces, ni das gritos de auxilio o quejidos lastimosos. No. Simplemente asumes que las cosas son así, pero esa sensación es tan insoportable... Una angustia que en teoría no tiene materia, pero sientes como se acomoda debajo de tus costillas, a veces incluso haciéndote tener arcadas. Y en la cabeza, taponándotela, presionándotela, inutilizándola.
Volver a casa a veces no siempre es una buena idea, las posibilidades de aislamiento son mucho menores. El corazón palpita como solo sabe hacerlo desde hace meses, casi rebotando y saliéndose de la caja torácica. Solo quieres despertar de eso que crees un sueño desagradable. Despertar y volver a tener un camino que seguir, sin ninguna angustia ni miedo que te ate. Sin temores absurdos, sin fantasmas. Y sin embargo... no es un sueño. A no ser que la vida sea sueño, y los sueños sean la vida, no lo es.