domingo 20 de abril de 2008

Al

Abriendo mis neuronas al tranquilo lugar proporcionado por la anestesia,

buscando sin encontrar nada importante, tan solo navegando en pensamientos dormidos.

Con todo apagado, fuera de cobertura, con una tranquilidad inusual, estado emocional alterado.

Dormido, respirando, sin pensar. Logrando una armonía armónica digna de una orquesta...

Que Suave sensación producida por litros de alcohol, que dulce sensación.

Y todo se va, y nada se queda.

Y todo se fue, y nada duele.

Y todo fluctúa, y nada permanece... por suerte.

Tan solo durante una noche, todo se pausa, nada importa. Tan solo...

Tan solo como todas las noches, pero sin ser consciente de ello.

Tan etílico como cualquier otro sábado, quizás mas, por suerte.

Cada palabra, cada inexistente nexo lógico dentro de mi cráneo,

micro segundos de nula importancia que se pierden en los vasos, en las botellas...

Escalando sin piolet la montaña de la soledad, subiendo y flotando,

llegando a la cima para no poner ninguna bandera, para seguir ascendiendo.

Arrancar de un tirón el nudo del estomago, el tapón de la cabeza y sentir en una boca agria,

seca, con restos de mil sustancias, la libertad de ser libre.

¿Fingiendo? Quizás la felicidad. Quizás... sientas como lloras sin derramar sal.

Inundado de imaginación, el cuello con collarín y los ojos disfrutando de las ojeras prematuras.
Se te caen los parpados y aun así estás feliz, tranquilo, conforme. Se caen, se caen... se cierran.

Sin hambre pero comiendo, sin sueño pero durmiendo, sin amor pero queriendo,

sin sentido pero viviendo, sin querer pero consintiendo, sin decir que sí pero asintiendo...

Tu vida. Tu triple t; triste vida todos los tristes días. Iluminándote por la luz de la luna, cada noche.

Pero hoy, precisamente hoy brilla con un tono y una intensidad diferente. Brilla.

Sientes como te acarician sus rayos sónicos, espaciales, especiales y como tu cabeza se colapsa,

como alguien ha lanzado multitud de fuegos artificiales en tu cerebro. Serotonina exótica.

Con los pies que no se mueven pero parecen estar saltando, las orejas oyendo tan solo el silencio.

Los dedos, produciendo ese sonido repetitivo que tanto te gusta, que tanto te tranquiliza.

Y tú, ahí, sentado... ¿Feliz?

No te engañes, tan solo estás borracho. Dulcemente, dulces sueños.