lunes 2 de noviembre de 2009

Recortes

Tomás se decía: hacer el amor con una mujer y dormir con una mujer son dos pasiones no sólo distintas sino casi contradictorias. El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien (este deseo se produce en relación con una cantidad innumerable de mujeres), sino en el deseo de dormir junto a alguien (este deseo se produce en relación con una única mujer).

Milan Kundera, La Insoportable Levedad del Ser.


El paleto perfecto es el que nunca se asombra de nada; ni aún de su propia estupidez.

Antonio Machado, Juan de Mairena.

Las tuyas son cargas pesadas, pesadas cargas
es una vida muy corta para una pena tan larga
son cargas pesadas, pesadas cargas
es una vida muy corta para una pena tan larga

La justicia es una pintada en una fachada
no te sirve si eres un embajador sin embajada
la justicia es una pintada en una fachada
a veces no sirve de nada...
Juaninacka, Poesía del hombre pobre.

sábado 31 de octubre de 2009

Estado

La capacidad que tengo de sentirme como un imbécil después de comportarme como un gilipollas no me sorprende, pero si me llama la atención. Tienen razón aquellos que afirman que es imposible describir con meras palabras los estados de animo o sentimientos humanos, siempre hay algo que queda fuera, no se puede abarcar todo. En mi caso más que no poder captar todas las notas que expresarían correctamente como me siento creo que lo que ocurre es que no se capta nada. Hay una nada que se come al ser, al ser sentimental si se le quiere llamar así. La palabra autorepugnancia quizá dé una imagen errónea de lo que esto es. Empieza a la altura del estomago. No es dolor, ni siquiera presión... no. Diriase que se 'siente pesado'. Normalmente uno no siente las partes internas de su cuerpo, o al menos no las siente conscientemente. Ahora mismo yo siento perfectamente la parte que se sitúa entre las costillas y la cadera. De ahí nace un movimiento vibratorio apenas perceptible desde fuera (e incluso desde dentro) que sube. Sube hasta las dos puntas de las ultimas costillas para juntarse como se unirían dos afluentes en un mismo río. Ese río sube hasta la garganta, hace que la boca se quede quieta en una mueca de paroxismo y por ultimo le da un tinte apagado a los ojos. Ahí se pierde entre la red neuronal del cerebro, soltando algo que seguramente sea la antítesis a la serotonina. El cerebro actúa del siguiente modo: bloquea todas las apetencias, pensamientos y lo embriaga todo en una gran pesadez. Una pesadez que hace que el tiempo se ralentice, una pesadez indescriptible...

lunes 19 de octubre de 2009

Recortes

Y la puerta acaba de abrirse en este punto: un señor entra con paso lento. Poned vuestra atención aguda en él; observad sus ademanes, sus gestos, su manera de andar, de sentarse, de saludar. "Un hombre inteligente -piensa este mismo señor que acaba de entrar- no se sienta, ni se levanta, ni entra, ni sale, ni se está en pie como un hombre vulgar." Fijaos en él: es un hombre ni viejo ni joven; ni locuaz ni hosco; ni presuroso ni remiso; ni jovial ni tétrico. El gran secreto y el gran encanto, en indumentaria como en psicología, es aparecer como todos los hombres, y, sin embargo, ser distinto de todos. Este hombre es un filósofo, es decir, un hombre extraordinario, y, sin embargo, es como todos los hombres; vosotros no os percataréis de su presencia, en la calle o en un salón; pero observadlo un momento con cuidado, y veréis cómo estos ojos irradian una amarga ironía, y cómo en su boca -el más seguro indicio del carácter- se muestra un profundo desdén por los hombres y las cosas que le rodean.

Política y literatura, Azorín.

La vida privada requiere para ser vivida ese fondo de insobornable personalidad. Muchos hombres carecen de él; éstos carecen entonces de auténtica vida privada. Muchos hombres son por completo o casi por completo producto de las influencias sociales ambientes y construyen su ser con las aportaciones que de lo exterior y colectivo les llegan. Tienen un alma formada de puras abstraccioens y su personalidad se reduce a poco más que nada. Son los hombres de tipo medio, vulgar y monstrenco; hombres que aceptan automática y pasivamente cualquier relación, porque para ellos toda relación es, en el fondo, pública y se basa en mero intercambio de cosas, funciones y servicios; hombres que carecen de soledad y huyen de la soledad, porque al hallarse solos perciben algo así como el vacío de su ser, que está compuesto exclusivamente de tópicos comunes; hombres que repelen toda originalidad, toda fescura pristina de pensamiento y de acción; hombres gregarios, de masa, que repiten como autómatas lo aprendido y que, tras el caudal de formas abstractas recibidas, no alimentan ninguna ilusión personal, ninguna convicción verdaderamente propia, ninguna valoración y preferencia criada en el seno de su vida personal.

Ensayo sobre la vida privada, Manuel Garcia Morente.

Para ser persona no hace falta ser un genio, ni mucho menos. Basta con querer ser lo que realmente se es, sin dejarse sobornar por lo que 'se' dice, 'se' piensa, 'se' siente, 'se' cree; basta con resolverse enérgicamente a aquilatar en la intimidad del yo las mercancías que circulan en los bazares colectivos; basta con tomarse la cuenta de la vida. Pero esta actitud requiere cierto esfuerzo, resolución valerosa. No muchos están dispuestos a tomarla y mantenerla. Más cómodo resulta descansar en las convicciones ya hechas y recibidas de fuera, dejarse vivir en la grey, arroparse en los abrigos construidos por otros, que hacerse uno mismo sinceramente su propia vida, grande o pequeña.

Ensayo sobre la vida privada, Manuel Garcia Morente.

jueves 10 de septiembre de 2009

Recortes

Ya se sabía que el otoño tenía que ser triste. Cada año se le iba a uno parte de sí mismo con las hojas que caían de los árboles, a medida que las ramas se quedaban desnudas frente al viento y a la luz fría del invierno. Pero siempre pensaba uno que la primavera volvería, igual que sabia uno que fluiría otra vez el rio aunque se helara.

París era una Fiesta, Ernest Hemingway.

Mira ayer, paseando a orillas del lago, me dijo: "He aquí mi tentación mayor." Y como yo le interrogase con la mirada, añadió: "Mi pobre padre, que murió de cerca de noventa años, se pasó la vida, según me lo confeso él mismo, torturado por la tentación del suicidio, que le venía no recordaba desde cuándo, de nación, decía, y defendiéndose de ella. Y esa defensa fue su vida. Para no sucumbir a tal tentación extremaba los cuidados por conservar la vida. Me contó escenas terribles. Me parecía como una locura. Y yo la he heredado. ¡Y cómo me llama esa agua con su aparente quietud -la corriente va por dentro- espeja al cielo! ¡Mi vida, Lázaro, es una especie de suicidio continuo, un combate contra el suicidio, que es igual [...]!

San Manuel Bueno, Mártir, Miguel de Unamuno.

jueves 2 de julio de 2009

Recortes

Sólo cuando el lector vulgar tiene fe en el escritor y le reconoce una gran superioridad sobre sí mismo, pondrá el esfuerzo necesario para elevarse a su comprensión. En un país donde la masa es incapaz de humildad, entusiasmo y adoración a lo superior se dan todas las probabilidades para que los únicos escritores influyentes sean los más vulgares; es decir, los más facilmente asimilables; es decir, los más rematadamente imbéciles.
José Ortega y Gasset, 'España Invertebrada'.

Volví a casa con la sensación de una absoluta soledad.
Generalmente, esa sensación de estar solo en el mundo aparece mezclada a un orgulloso sentimiento de superioridad: desprecio a los hombres, los veo sucios, feos, incapaces, ávidos, groseros, mezquinos; mi soledad no me asusta, es casi olímpica.
Ernesto Sábato, 'El Túnel'.

[...] en todo caso habia un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que habia transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida. Y en uno de esos trozos transparentes del muro de piedra yo habia visto a esta muchacha y habia creído ingenuamente que venía por otro túnel paralelo al mío, cuando en realidad pertenecía al ancho mundo, al mundo sin límites de los que no viven en túneles; y quizá se habia acercado por curiosidad a una de mis extrañas ventanas y había entrevisto el espectáculo de mi insalvable soledad, o le habia intrigado el lenguaje mudo, la clave de mi cuadro. Y entonces, mientras yo avanzaba siempre por mi pasadizo, ella vivía afuera su vida normal, la vida agitada que llevaban esas gentes que viven afuera, esa vida curiosa y absurda en que hay bailes y fiestas y alegría y frivolidad. Y a veces sucedía que cuando yo pasaba frente a una de mis ventanas ella estaba esperándome muda y ansiosa (¿por qué esperandome?, ¿y por qué muda y ansiosa?); pero a veces sucedia que ella no llegaba a tiempo o se olvidaba de este pobre ser encajonado, y entonces yo, con la cara apretada contra el muro de vidrio, la veía a lo lejos sonreir o bailar despreocupadamente o, lo que era peor, no la veía en absoluto y la imaginaba en lugares inaccesibles o torpes. Y entonces sentía que mi destino era infinitamente más solitario que lo que había imaginado.
Ernesto Sábato, 'El Túnel'.

domingo 17 de mayo de 2009

Aire

El mundo está lleno de muertos vivos y de vivos muertos. Los primeros son los que aun respiran pero mantienen una existencia sin ningun tipo de vida. Los segundos son los que estan bajo tierra o hechos cenizas. Desde siempre he buscado un sentido a la vida. Una de las mayores preguntas, quizá la esencial, ¿Cual es el objetivo de la vida? ¿Por qué merece la pena vivir? Siempre habia intentado encontrar un motivo para que todos los instantes tuvieran sentido, la pieza que terminara el rompecabezas. Muchas han sido las respuestas temporales que encontré, desde el tipico 'estamos aqui para disfrutar' hasta 'lo importante es autorealizarse y llegar a comprender cuantas más cosas mejor'. Mentira, todo mentira. Aunque cueste asumirlo por el vacio que crea, no estamos aqui con ningun fin trascendente. En realidad no somos nada, no somos nadie, y por lo tanto nuestro destino no existe. Solo somos animales, animales racionales. Igual que un pájaro o un perro, igual que el suyo es nuestro hilo vital. No hay sino una serie de razones que nos llevan a realizar los actos que debemos hacer por naturaleza, todo lo demás es culpa de nuestra razón. No sirve de nada buscar metas altas, intentar ser espiritualmente superior. En realidad solo somos basura, insignificantes granos de arena en un desierto infinito. Mi vida no importa, la tuya no importa, la de todas las personas de esta ciudad no importan, las vidas enteras de toda la raza humana no importan nada. Somos aire, y como tal no tenemos más trabajo y más que hacer que soplar hasta apagarnos.

miércoles 13 de mayo de 2009

Cada segundo que pasa, es un segundo menos, es un segundo más. Hay agujeros negros infinitos dentro de nosotros, pozos donde nunca podrás ver el fondo. Cuando aparecen, van comiéndote, absorbiendo tu fuerza.

A veces nada importa, ni la muerte, ni el dolor, ni el sufrimiento. A veces, durante unos segundos, flotas. Pero solo a veces.